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Y caminare soñando con tu sonrisa, archivando tus palabras, empuñando el dolor, descansando en este amor que siempre te espera, y aunque la marcha me lleve por rancios terrenos, te envió seguro en estas flechas, mi alegría a tu otra vida. Si, se que en las sombras te hallaran para sorprenderte. Y como abrace el abismo hasta el fondo para poder elegir el camino, al punto que la vida me inventó los sueños más degenerados de mi tentado infinito, salvando íntimamente los ánimos del líquido elemento, respirando azotes con agotadas celebraciones, lo que establecí y tú no eres yo, las distancias que recorrí intentando seguir contigo, oponiéndome conmigo mismo para raspar lo que he llegado a ser, tachándome y renunciando a lo que me había acostumbrado, me sumerjo en el rió descubriéndome abrigado y enamorado, y esto podría ser el brote, he descubierto que intimaba perdonar, ¡he aprendido a perdonar! porque es todo lo que tengo, todo lo que siempre he tenido, dejo que el amor llegue y olvido, olvido por un tiempo lo que pensaste de mí, lo que he llegado a ser, lo que he hecho, ¡olvídame por un tiempo!. Él me perdonó por lo que he hecho, repásalo, cuando anidaste aquí hace años no te podía ver a los ojos, en esta despedida no hay sangre, no hay coartada, cree esto, las distancias que deseo recorrer son los caminos de sus ojos.
En otro tiempo era un airoso personaje corriendo en busca de la pureza con el núcleo de un trampero eremita, el cazador solitario que en estación de avance a cualquier devota me arrojaba, por eso te ruego perdones a mis sombras, hallaron encanto en los territorios mas extravagantes, en las inquietudes mas chocantes, hoy finamente sé volar en todas las estrellas que me sacas, y nunca mas la integridad será mi posición débil y nunca mas la turbación mi impotencia, me he permitido bregar más de una vez para ganarme la fibra de lo que escribo fijo, naciente en lo que ojeo vulgar.
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